Despertarse cada mañana a las siete en punto para afrontar la jornada laboral o académica ha sido una de las mayores fuentes de angustia existencial de la civilización moderna. Antes de que los teléfonos inteligentes monopolizaran las alarmas con tonos progresivos de xilófono, la red de mediados de los 2000 vivió la época de oro de los gadgets de choque: despertadores concebidos por diseñadores sádicos con el único objetivo de forzar al durmiente a levantarse de la cama.
«Este reloj visto en Noticiastech (diseño del creador Mark A. Regelman II) no sabemos si llegará a fabricarse en serie, pero lo impactante de su concepto salta a la vista: parece la típica bomba de cartuchos de dinamita del Coyote y el Correcaminos de la marca ACME.»
«Cabrón desde luego que sería este despertador, pues imagínate abrir los ojos medio dormido y ver eso parpadeando encima de la mesita de noche. Lo ideal sería combinar este diseño con el mecanismo de Clocky (el que sale rodando por la habitación mientras emite chirridos robóticos). Eso sí: se recomienda que lo compres en tu misma ciudad, porque si se te ocurre meter esto en una maleta de avión vas a terminar vestido con un mono naranja en Guantánamo.»
La Trilogía del Suplicio Matutino
Junto al reloj-dinamita ACME, otros dos artilugios compitieron por el trono del amanecer implacable en los foros de tecnología:
- Clocky (El fugitivo con ruedas): Creado en el Media Lab del MIT por Gauri Nanda, este despertador motorizado se tiraba desde alturas de hasta un metro al sonar la alarma y huía zigzagueando por la habitación, escondiéndose debajo de armarios y camas hasta que el usuario se ponía en pie para atraparlo.
- La Diana Láser Matutina: Un reloj que no cesaba de emitir una estruendosa alarma de 90 decibelios hasta que el usuario apuntaba con una pistola infrarroja y acertaba en el centro exacto de la diana circular.
El Legado del Hardware Friki
Esta antología de despertadores se convirtió en uno de los contenidos más leídos de la sección de gadgets de Pitodoble, demostrando el atractivo imperecedero del humor visual aplicado a la inventiva tecnológica cotidiana.