Pocas invasiones del espacio doméstico han generado tanta unanimidad de rechazo social como las llamadas comerciales no deseadas a la hora del almuerzo o la siesta. En 2006, mucho antes de la Lista Robinson o las regulaciones de numeración comercial, el ciudadano medio estaba completamente desprotegido ante los bombardeos diarios de ofertas de telefonía, tarjetas de crédito y seguros de decesos.

Frente a la mala educación o el cuelgue apresurado, en Pitodoble publicamos un protocolo de actuación inspirado en el mejor humor absurdo para derrotar a los guionistas de ventas con su propia medicina.

Transcripción Canónica del Diálogo

(Suena el teléfono a las 15:45...)

¿Dígame?
— Buenos días, ¿podría hablar con el titular de la línea?
Soy yo mismo.
— ¿Me dice su nombre por favor?
Juan Luis.
— Mire Juan Luis, le llamo de Telefónica para ofrecerle una tarifa plana revolucionaria...
¡Qué maravilla, Juan! ¿Puedo llamarte Juan? No sabes la alegría que me das. Justo estaba sentado en el salón sintiéndome solo, pensando que nadie se acuerda de mí, y de repente me llamas tú. Cuéntame, Juan, ¿cómo estás tú? ¿Cómo está tu familia?
— Esto... bien, pero le llamaba por la oferta del ADSL...
El ADSL es lo de menos, Juan. ¿Tú crees en la reencarnación? Porque yo creo que en otra vida fuimos hermanos. Oye, una pregunta antes de firmar nada: ¿aceptáis en la compañía trueque por cabras o por un cortacésped que tengo en el trastero? Está casi nuevo, solo le falla la bujía.
— Señor, no aceptamos cortacéspedes, la cuota se abona por domiciliación bancaria...
Es una pena, Juan. Bueno, no pasa nada, te la cambio por un saco de patatas de la huerta de mi cuñado. Oye Juan, no me cuelgues, que ahora te paso a mi madre que le encanta charlar con teleoperadores, ¡espera un momentito que la despierto!
(Clic. Tono de llamada finalizada por la operadora).

Las Tres Reglas de Oro del Anti-Marketing

  1. Nunca mostrar enfado: El operador está entrenado para gestionar quejas o desplantes con un protocolo de insistencia; el entusiasmo exagerado y el cariño desmedido, en cambio, rompen sus esquemas por completo.
  2. Preguntar por su vida privada con ternura: Interesarse sinceramente por el estado anímico del vendedor suele provocar un silencio desconcertado al otro lado del auricular.
  3. Ofrecer un producto alternativo en permuta: Intentar venderles una bicicleta vieja o pedirles un préstamo personal suele desembocar en una retirada fulminante y en la eliminación de tu número de sus bases de datos.